viernes, 25 de diciembre de 2009
Doamna care plânge.
Esa noche calurosa de verano la lluvia no cesaba. Ella podía quedarse horas sentada frente a la ventana mirando las gotas caer, reflejadas entre la luz del farol de la esquina, escuchando el eterno fragor del agua golpeando sobre el asfalto, sobre las hojas de los árboles, sobre los techos de chapa. Pero esa noche ya entrada, esa noche que no se podía reconocer entre noche y madrugada sintió que ya era tiempo de terminar con todo, que ya era tiempo de cerrar la ventana, ese rincón del interminable olvido. El viento había empezado a correr hacía un rato ya y las gotas comenzaban a mojar el piso de madera. Le dio una última mirada a su día, cerró las ventanas, y diciendo entre voces de recuerdos 'otra noche más', se introdujo en lo más profundo de sus sueños.
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