martes, 9 de febrero de 2010

Al menos mis palabras...

A las 5.20 de la mañana me desperté muriéndome de calor, bien! Se rompió el turbo. Me desperté esperando que no haya sonado el despertador y que sean, aunque sea, las 8.30 y me iría a caminar por el campo, okey, no, no eran las 8.30, de hecho faltaban tres horas y diez minutos para las 8.30.
Pensé sobre la palabra y sobre el poder y la fuerza que tiene. Una palabra, una simple palabra, puede: enfermar, curar, alegrar, divertir, calmar, entristecer,… en fin, infinitas cosas puede lograr una “insignificante” palabra en una persona, o en muchas, y eso creo que es más grave aún. Por eso amo el silencio, le da todavía más fuerza a las palabras. No sé, yo no les creo mucho a las personas que hablan demás, siempre (o casi siempre) tienen algo que esconder bajo sus montones de palabras.
Bueno, algún día me explayaré más sobre el silencio o la gente que habla demás o las palabras o el por qué carajo se rompen los ventiladores a las cinco de la mañana. Ahora mejor me voy a leer un rato, a ver que más tiene Bob para contarme.

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